noviembre 04, 2009

¿Educación sexual o neomarxismo?

Nunca como antes de la irrupción de la gripe A H1N1 la escuela estuvo tan ligada –o desligada– de la idea de salud. Incluso, como potencial foco infeccioso la necesidad de extender las vacaciones de invierno para frenar una pandemia mostró cómo la escuela incide en la salud. La escuela es fundamental en la prevención de enfermedades y en la propagación de la salud por muchísimos factores.

Pero, a pesar que la Ley de Educación Sexual Integral está aprobada a nivel nacional (y específicamente también en la ciudad de Buenos Aires) son muy pocas las escuelas que, ya a mitad de año, se han abierto a que empiecen las clases de salud para niños y niñas desde nivel inicial.

"Chicas y chicos: Educación Sexual Integral es tu derecho", escribe el Programa Nacional de Educación Sexual Integral (ESI) del Ministerio de Educación de la Nación en un excelente folleto que intenta impulsar que las letras lleguen a los cuadernos, aunque todavía la prevención del abuso sexual, la noción del cuerpo como placer, la información para no llegar a embarazos no deseados o enfermedades de transmisión sexual no se instaló en las escuelas como tendría que estar sucediendo por ley, sentido común, reclamo de los niños/as y jóvenes y una noción básica de salud.

El retraso tiene lógica. La Iglesia católica hace lobby contra los derechos de los y las adolescentes. El titular de la Comisión Episcopal de Educación Católica Héctor Agüer criticó las recomendaciones que le dio el Ministerio de Educación a los docentes (establecidos por ley y consensuados por uan mesa que integraba la Iglesia junto a todos los ministerios provinciales) y calificó a la idea de sexualidad de "neomarxista".

A pesar de estas presiones, cuando se reinicien las clases, los y las alumno/as tendrían que acceder a un folleto que les explica: "¿Qué tenés derecho a aprender en tu escuela secundaria?": "El conocimiento de tu cuerpo y las formas de cuidar tu salud, la importancia de expresar tus emociones y tus sentimientos, las formas de prevenir infecciones de trasmisión sexual".

El Ministerio de Educación de la Nación también les informa a los chicos y chicas que les tienen que enseñar "a quiénes acudir cuando se violan tus derechos, por ejemplo, frente al abuso, la violencia sexual, el maltrato, la explotación sexual o la trata de personas". También los y las adolescentes pueden aprender, si los materiales son repartidos a los alumnos/as de todas las escuelas de todo el país, que el sexo no es ni una obligación ni una regla, ni un riesgo: "Tenés derecho a aprender en la escuela secundaria el respeto por la diversidad sexual y el rechazo por todas las formas de discriminación; la información confiable sobre métodos anticonceptivos y de regulación de la fecundidad; decir "no" frente a la presión de amigas y amigos y tener una mirada crítica hacia los mensajes de los medios de comunicación que imponen ideales de belleza de varones y mujeres".

octubre 08, 2009

La nena

La aceptación de los hijos se establece cuando se gestan. A partir de ese momento uno sabe que ya no será el mismo porque llevará toda la existencia la responsabilidad de la vida. Una vida, la única más próxima en conjunción del pasado y proyección del futuro que podamos establecer. A partir de eso los vínculos con los hijos pueden ser múltiples, pero si esa aceptación primera prevalece toda la vida compartida, serán felices, buenos y sanos para ambos, padres e hijos. Esa es la relación que tuve con mi hija cuando el Dr. Campolo nos la anunció a su madre y a mí.

Con el correr de los años acompañé su crecimiento cumpliendo todos los rituales que la paternidad impone y dispone: di amor, caricias, puse límites, protegí, acompañé, apoyé, ayudé, aconsejé (porque los padres sí pueden hacerlo, aunque sólo sea retórica) y fui viendo sus decisiones más firmes como una personalidad naciente que debía respetar si quería que ella como yo también fuera "persona".

Cuando mi hija me dijo que era lesbiana, adentro me hizo un runrún, pero ella lo decía con duda, pero sin vergüenza; con temor, pero decidida y era otro juego de aceptación.

Y me dije: "¡Es mi hija! ¡Quiero que sea feliz! ¡No quiero que sufra, que sea rechazada, burlada, pero quiero que sea feliz y es mi hija! La vida no es fácil para nadie. La vida está llena de imponderables que hay que sortear de la mejor manera posible, nada tiene que ver la edad, la apariencia física ni el sexo con ello: mujeres, hombres, niños, jóvenes, ancianos, minusválidos, blancos, negros, amarillos, todos... todos corremos riesgos, sufrimos y luchamos por la felicidad. Ella será una mujer adulta —me dije— y tendrá que pasar por sus encontronazos como los pasamos sus padres y sufrirá, aunque a mí no me guste... Pero, ¿qué puedo hacer yo con su sufrimiento? ¿Decirle: "No vivas esto porque sufrirás, viví esto otro, hacé esta otra elección para no pasarla mal..."? Ella no estará satisfecha, no será feliz... ¿Entonces?

También acepté con mi hija sus decisiones, porque con ellas sigue siendo para mí una mujercita adorable, querible, honesta, inteligente, sana, bella. Nada cambia para mí de ella porque es lesbiana. Con todo esto, por tener a Valeria con su vida y todo soy un padre afortunado.

¿Cuántas cosas no le gustarán a ella de mí!? ¡De sus padres! Y sin embargo, el lazo es indestructible.

La idea fundamental es educar a los hijos para la felicidad, aunque sea sin nosotros, distintos a nosotros, muy distintos, ellos tienen que saber que siempre estaremos allí: hagan lo que hagan. Es eso lo que quieren de nosotros cuando ya están grandes (o más o menos grandes): no pagar el precio de vivir renunciando a sus elecciones sólo para que no los dejemos de querer...

Papilindo (Chalo Agnelli)

septiembre 05, 2009

Otra muerte anunciada

Para cuanto medio ha dado la noticia de su muerte, "el" travesti brasileño se llamaba André Luiz Ribeiro Albertini. Y aunque ella se había nombrado Andreia, haberse hecho conocida como la prostituta que en abril de 2008 involucró al futbolista Ronaldo en un escándalo de sexo y drogas multiplicó la transfobia (tan ostensible en la prensa, y no sólo gramaticalmente) que marcó el tono de su necrológica. Así, la agencia EFE informa que fue una neumonía (asociada con el VIH que aparentemente tenía la fallecida) lo que terminó con la vida del "travestido". El mismo "travestido" que el año pasado había denunciado a Ronaldo por haberse negado a pagarle servicios sexuales que el jugador negó haber recibido luego de percatarse de que tanto Andreia como otras dos travestis que él se había llevado a un hotel no eran, precisamente, mujeres. Un equívoco que dio pie a acusaciones cruzadas de engaño, intento de extorsión y consumo de cocaína, y sobre lo que los hinchas del Flamengo ahora pretenden seguir haciendo leña del árbol caído con su idea de ir al aeropuerto de Río de Janeiro a recibir a Ronaldo (antiguo jugador del club, a quien no le perdonan que haya fichado para su archirrival, el Corinthinas) con un grupo de cien travestis. Una broma que lejos está, por supuesto, de pretender reivindicar a un colectivo arrasado por el VIH, la violencia y la prostitución, y que en la tristemente célebre Andreia acaba de cobrarse una nueva víctima.

agosto 16, 2009

Nuestra Señora de las Flores



Digno exponente de la mariconería libertaria española, José Luis Pérez Ocaña fue la flor de las Ramblas de Barcelona con sus strip-teases esperpénticos y sus militantes cambios de vestuario. En estos días se presenta el documental que lo inmortalizó, lo llevó por el mundo y lo puso como blanco de la represión en los tiempos post-Franco.


Diego Trerotola

"Barcelona, soldados con largo capote vagan por la noche en las Ramblas, entre grupos de manifestantes comunistas y floristas; mariconas que tienen la edad de nuestros padres ejecutan rápidos bailes flamencos en los bares del barrio chino... ¿Pero dónde están los homosexuales en todo esto? En ningún sitio. No hay homosexuales en Barcelona; nada de discotecas, nada del código homosexual habitual", escribía Guy Hocquenguem en 1977 en La deriva homosexual, y su impresión de la capital catalana estaba filtrada por su experiencia gay en París, donde los lugares de ambiente proliferaban para trazar un circuito, con códigos precisos y rituales calcados de conducta social. Un orden estricto que se transformaría en un modelo internacional de glamour nocturno de la comunidad Glttbi global. De ese orden se excluía a las mariconas travestidas, que supuestamente eran un vestigio de prácticas vetustas que no debían considerarse como propias de los nuevos homosexuales, pronto rebautizados gays. Barcelona, en plena transición democrática tras una dictadura franquista de más de 35 años, respiraba una vida muy particular donde la mezcla de lo marginal y lo tradicional gestaba una contracultura que se expresó sin pedir permisos, con el espíritu libertario de cierto anarquismo español que se mantuvo underground por décadas. El mismo año que Hocquenguem publica su impresión sobre Barcelona, el colectivo de activismo audiovisual Video Nou registra Actuación de Ocaña y Camilo, donde las dos personas del título hacen shows travestidos, que luego convierten en una orgía como acto político: ese video de una bacanal trans se graba en el día de la convocatoria para una marcha donde se exige la derogación de la Ley de Peligrosidad Social, legislación que reprimía toda manifestación de la diversidad sexual. Al año siguiente, Ventura Pons estrena la película Ocaña, retrato intermitente, donde Ocaña desenfunda todo su arsenal de teatralidad verbal y física, exponiendo la seducción y la ideología espontánea de la mariconería libertaria española, que se resistía a ser un modo de consumo. Hablando frontalmente sobre su amor por los muchachos, por los chongos, por los chulos, en épocas donde el silencio era aún sepulcral, Ocaña se convertía en icono de la contracultura sexual.


El puto andaluz

Nacido en 1947 bajo la misma luna andaluza de Lorca, José Luis Pérez Ocaña se crió en Cantillana, pueblo de Sevilla, mamando de niño toda la intensidad religiosa y profana de los rituales vernáculos, donde se mezclaban las procesiones de la Virgen de la Asunción con los carnavales donde su padre barquero iba travestido. Cuando el machismo de pueblo chico lo asfixió, Ocaña marchó a Barcelona, pero no dejó atrás los aires andaluces de su juventud sino que transformó los recuerdos de su tierra en experiencia desafiante a través de su pintura y sus intervenciones urbanas. A principios del '70, en el último lustro del franquismo, Ocaña era un puto marginal, formaba parte de la fauna del under catalán, y se ganaba la vida como pintor de brocha gorda; aunque también, cuando la policía no lo reprimía, iba a pintar vestido de angelito por las ramblas catalanas y cantaba: "Ay, yo de la vida es que no entiendo ná, el cardo siempre visible y la flor siempre pisá". Tras la muerte de Franco, en plena transición democrática, Ocaña salía travestido a hacer espectáculos gratis en los cafés públicos, y por eso se lo bautizó "La Reina de las Locas de las Ramblas". Ocaña ya no quería ser una flor pisada por el heterosexismo, y no sólo embestía las calles cantando canciones tradicionales andaluzas, también hacía nudismo en strip-teases esperpénticos. "Cuando me disfrazo, parezco una pintura negra de Goya. Quiero dar una imagen distorsionada, farsesca", decía, porque más que travesti, mezclaba insubordinadamente lo femenino y masculino, con mantón de manila y sombrero bombín, o con abanico, peineta y pantalón. La desobediencia indumentaria, el desborde báquico, eran su identidad, y así el punk trans explotó en 1977 en Barcelona, gracias a Ocaña y su vida lumpen como ramblera. "Anarquista, pero sin carnet", ese año también participó en jornadas libertarias en un parque, donde terminó desnudo con las ropas desgarradas, y expuso su obra en la galería Mec-Mec, que transformó literalmente en su casa por un tiempo: su modo de vida era su mejor obra. Aunque en los antípodas del clero y de la ideología religiosa, sus cuadros, sus muñecos de papel maché y sus muebles restituían una iconografía católica, transformada en "fetiche", de vírgenes en clave drag queens barrocas y de angelitos algo andróginos.


Alta en el cielo

La notoriedad de Ocaña llevó a Ventura Pons a convertirlo en protagonista excluyente de su ópera prima, que se presentó mundialmente en el festival de Cannes, y que fue una voz desde los márgenes. "A mí me dijo días atrás un mariquita ya mayor, que vio la película mientras lloraba sin parar, porque la historia era su historia, su vida. Y esto ha pasado también con putas viejas. En fin, yo creo que es la película de los marginados, y como en este país todos hemos estado marginados, pues, mira, creo que la gente la va entendiendo muy bien", decía Ocaña. Antes de que la movida sea patrimonio madrileño, antes de que Almodóvar trastrocara en comedia o melodrama camp la sensibilidad diversa de las calles, Ocaña era el pope de una sensualidad libérrima. Y aunque la película lo hizo trascender de las Ramblas a la popularidad nacional, también lo convirtió en blanco de la represión. En 1978, en un bar que aparece en la película de Pons, Ocaña fue golpeado y encarcelado junto a Nazario, historietista también sevillano y adalid del under catalán, por cantar travestidos en la calle. Las pioneras organizaciones Glttbi de Barcelona hicieron una de sus primeros actos públicos pidiendo la liberación de Ocaña y Nazario, sosteniendo que era una "represión selectiva", a los gays "que se salen de los bares y zonas que el sistema tolera" porque son "un rentable negocio". Cuando Ocaña fue liberado, dijo: "He dejado en la cárcel cinco novios... Y muchos amigos. ¡Qué cosas se ven... y se tocan! Para levantarles el ánimo les pinté varias andaluzas que llevan mantón y abanico". Luego Ocaña convirtió esa represión en obra, en una tetralogía que retrata la violencia policial contra él y Nazario en cuatro cuadros como viñetas de un comic de denuncia, como distintas fases de un vía crucis marica. Ocaña no mermaba, no había rejas que callen su grito de artista homoerótico. Y así, mártir de su propio arte, murió joven en su pueblo natal, donde volvió para participar de la fiesta de la Virgen de la Asunción en 1983: en una procesión se vistió con un traje de papel para sostener un sol de bengalas que terminó incendiando su disfraz, su cuerpo. Fue astro rey, mariposa luminosa, pero el fuego le truncó su vuelo de Icaro: sobrevivió a las quemaduras apenas unos días. "Quiero que cuando me muera me hagan un gran entierro, y que mi féretro sea llevado a hombros por un cortejo de griegos desnudos y, a ser posible, empinados", dijo en una entrevista. Fue enterrado discretamente en su pueblo, pero en el primer aniversario de su muerte se organizó una festividad en Barcelona, se puso una placa donde vivía y todavía hoy se realiza una procesión en su memoria llamada "Beata Ocaña".


Actuacion de Ocaña y Camilo forma parte de la exposicion De la disco a la manifestacion. Practicas e imaginarios Queer, que se desarrolla en el Cceba (Parana 1159). Mas informacion:http://www.cceba.org.ar/

julio 31, 2009

Primer amor. Aún


Flavia Company

Fue en el jardín de su casa. Ella arreglaba las plantas y yo la seguía con el mate, charlándole de cualquier cosa que se me ocurría: la próxima conjunción de una hilera de planetas, la razón o sinrazón del nihilismo, el último libro de una autora neocelandesa; cualquier cosa que apartara mi imaginación de sus besos y de su boca, que jamás había sido mía. Aún.


Me parece recordar que ella plantaba lavanda. O tal vez eran crisantemos. O las dos cosas. ¿Quién está para fijarse en el nombre o la forma de las flores cuando anda pensando en no pensar? (Es buena señal que ahora, tantos años después, tampoco ella se acuerde.)


De vez en cuando levantaba la vista y me miraba directa a los ojos, sin darse cuenta de que me quemaba. Me sonreía, y su sonrisa era un acontecimiento de importancia universal, claro está. Me alargaba las manos para que la ayudara a levantarse y yo tiraba hacia mí de ella para acercarla mucho, para acercarla del todo, en realidad para acercarla demasiado, en cualquier caso para tenerla tan cerca que me fuera posible notar su respiración. Y al hacerlo me manchaba con placer las manos de esa mezcla de tierra y agua con que venían las suyas.


Sus manos llenas de tierra eran para mí la tierra misma, un lugar recién inaugurado, mi sitio en el mundo. Se lo dije una de las veces en que se levantó para tomarse un mate. Le dije: "Toda la tierra que quiero andar está ahora en tus manos". Me pareció que se ruborizaba, pero ya estaba atardeciendo y la luz era engañosa, así que no pude estar segura. Habría sido un indicio, una señal. Y yo habría podido interpretarlo como una invitación, incluso. Pero no supe. (Le pregunté hace poco, tantos años después y me dijo que, en efecto, se había puesto roja.)


En un momento dado, como es natural, empezó a hacerse de noche. Y ya no podíamos distinguir unas plantas de otras. El mate se había quedado frío. Nos sentamos apoyadas en el tronco del árbol que había en el centro del jardín. Miramos hacia el cielo, donde las cosas seguían como siempre, al revés que en el suelo, donde estaba teniendo lugar la revolución. Yo ya me había dado cuenta de que ella también intentaba hablar de cualquier cosa: la historia de su tierra, la Independencia, la receta del locro, la situación política internacional. Cualquier cosa que apartara su imaginación de mis besos y de mi boca, que jamás había sido suya. Aún.


No podíamos quedarnos ahí para siempre. Así que nos besamos. Y así en la tierra como en el cielo, todo empezó a coincidir.

julio 17, 2009

Devoción desnuda


El comienzo del siglo XX vio florecer en Alemania un conjunto de comunidades utópicas, la mayoría de las cuales fueron aniquiladas por las guerras. Fueron el germen de las defensas de derechos a la disidencia luego retomadas en otros contextos.



Daniel Link


El siglo alemán


La crisis del sujeto que caracteriza al siglo XX no es sólo un asunto de teóricos ni tampoco de artistas (no es, por cierto, un tema sólo surrealista), porque es una crisis generalizada del universalismo, correlativa de la degradación de los estados imperiales a finales del siglo XIX. La consecuencia más o menos lógica (pero en todo caso histórica) fue que las personas se lanzaran a diseñar comunidades que pudieran contener las diversas formas de vida que brotaban precisamente de la crisis de los sujetos universales, el hundimiento de los valores tradicionales (asociados con las familias dinásticas, el conocimiento nacional-comunitario, la pedagogía humanista, los dogmas religiosos) y una radical transformación del paisaje urbano (económico).


Los historiadores suelen hacer coincidir la historia del siglo XX con la historia soviética (porque el siglo estuvo obsesionado por ese extraño imperio comunista y sus potencias, consideradas el mal o el bien, según el punto de vista) o con la historia estadounidense (porque es el intervalo durante el cual Estados Unidos deja de ser un país más del Nuevo Mundo para convertirse en una potencia planetaria que impone su cultura). Pero hay también otro siglo, que es el siglo alemán, el de los experimentos comunitarios que desembocaron en las peores utopías y en las formas más sanguinarias de represión de lo viviente. ¿Pudo haber sido de otro modo? Deberíamos ser capaces de ensayar una respuesta.


Desfamiliarización


Entre 1896 y 1933, los bosques y los lagos de la Europa septentrional estuvieron literalmente ocupados por grupos que se llamaban Wandervogel (Pájaros Migratorios). Fueron institucionalizados en 1901 por Herman Hoffmann a partir de las enseñanzas del pedagogo Gustav Wyneken, que acuñó el término "Jugendkultur" (cultura juvenil). Habría que agregar: cultura juvenil de varones. En el seno de los Wandervögel se dirime la identidad masculina y se debate la modernidad.


A partir de 1933, los Wandervögel (y grupos similares) fueron integrados a las Juventudes Hitlerianas. El nazismo tomará de los Wandervögel dos emblemas tristemente célebres: la denominación de "Führer" y la venia "Heil" con el brazo en alto, que había sido el saludo acostumbrado de los jóvenes desnudos de muslos apretados que se bañaban en los ríos y los lagos entonando sus canciones.


En 1911, Ernst Jünger había pasado ya por varias escuelas cuando tomó la decisión radical de unirse, junto con su hermano Friedrich, a los Wandervögel, donde seguramente adquirió su pasión ininterrumpida por la entomología y comenzó a elaborar su teoría de la emboscadura como disidencia radical en relación con el Estado.


También en 1911, el niño bávaro Bertolt Brecht (13 años) compró una mandolina usada que cambió inmediatamente por una guitarra en la que practicaba todos los días, descuidando sus tareas escolares (para decepción de sus padres). Al año siguiente creó el septeto Amicitia, cuyo repertorio incluía canciones del movimiento Wandervögel y composiciones del propio Bertolt de estilo folk.


Brecht registra en 1913 su legendario encuentro con la Juventud Libre Alemana, asociación pacifista que se convertirá en Asociación Juvenil Comunista con el correr de los años y que se oponía abiertamente a la tendencia nacional-patriótica del repertorio oficial de los Wandervögel. El septeto Amicitia terminó disolviéndose.


Había una fuerza de disolución que enfrentaba a los niños y jóvenes con sus familias (con independencia de las ideologías: Jünger y Brecht no fueron precisamente compañeros de ruta) y esa fractura de la familia (índice de un malestar comunitario) llevó a los jóvenes a adoptar estilos de vida radicales.


Naturalmente, los Wandervögel fueron fundamentalmente grupos de varones (el devenir manada o pandilla reconoce un límite de género). Pero hubo también mujeres en el movimiento: Annemarie Schwarzenbach (nacida el 23 de mayo de 1908 en Zurich), últimamente recuperada como la lesbiana andariega que fue, comenzó a escribir a partir de 1923 para la revista de ese movimiento que funcionó como una fuerza de atracción irresistible para los jóvenes germanoparlantes y en cuyo seno se impugnó el rumbo utilitarista de la modernidad (no a la pedagogía, no a la familia, no al comercio; sí a la vida comunitaria, a los espacios abiertos, al vitalismo y al desafuero sexual).


Se trata de una fuerza de la imaginación que arrastra a la época, desde Jünger, Heidegger y Rilke, por ejemplo, hasta el más rubicundo de los Wandervögel, entregado al rechazo radical de la técnica y la mercantilización de la cultura propia del capitalismo. Esas líneas de fuga pronto se encontraron con las líneas del nacionalismo teutónico (de allí al antisemitismo hubo sólo un paso: había que cruzar un abismo, pero era sólo un paso).


En el seno de los grupos Wandervögel, los niños eran entrenados (en campamentos de fines de semana y de vacaciones de verano) en la supervivencia en "estado salvaje", llevados a redescubrir la naturaleza (los campos, los lagos, la desnudez) como forma de reconectarse con los aspectos esenciales del ser: formas preindustriales de vida y rechazo de la cultura burguesa que el hippismo sólo tuvo que resucitar años más tarde.


Un participante recuerda: "Jugábamos con las llamas de un mundo incendiado, y eso calentaba nuestros corazones. Fue entre nosotros que la palabra 'Führer' se originó, con su significado de obediencia ciega y devoción... Y nunca voy a olvidarme de aquellos días en que pronunciábamos la palabra Gemeinschaft (comunidad), con la garganta temblorosa de excitación".


Desnudamiento


El siglo XX comenzó con experimentos variados y mezclados de organización comunitaria. Fue también en Alemania (antes que en ningún otro lado) donde el nudismo fue formalizado como una actividad social colectiva (los jóvenes Wandervögel, queda dicho, lo practicaban). Los alemanes buscaron un remedio contra las "enfermedades del alma" del siglo XIX sacándose la ropa.


Los inventores del nudismo: uno es Heinrich Pudor, autor de libros de teoría del arte, arquitectura y de "prácticas conyugales sanas" quien, con seudónimo, publicó Nackende Menschen (1894). Pudor encontraba la costumbre de vestir ropa como una "inadmisible" renuncia a la naturaleza. Otro fue Richard Ungewitter, autor de Die Nackheit (1903). Esos libros populares condujeron a la fundación de la primera colonia nudista del mundo, la "Freilichtpark", en 1905, donde la influencia de la severa disciplina de Ungewitter instauró un inflexible régimen vegetariano, gimnasia compulsiva y abstinencia de alcohol. La progresión es obvia: muy pronto comenzaron a aparecer campos nudistas llamados "Swastika" y "Valhalla".


Hitler, que era (además de otras cosas) un psicópata sexual, prohibió por decreto el nudismo entre 1933 y 1935, pero la prohibición se aplico sobre todo a las clases trabajadoras. Siguieron existiendo campos nudistas (depurados de miembros "no arios"), que se integraban en el Kampfring für völkische Freikörperkultur (Movimiento para la Cultura Popular del Cuerpo Libre). Heinrich Himmler se implicó personalmente en las actividades del FKK, uno de cuyos objetivos era hacer de los alemanes un pueblo más fuerte y sano.


Despenalización


Existía en el código penal prusiano un artículo (el Nº 175) que criminalizaba las prácticas homosexuales. El 15 de mayo de 1897, Magnus Hirschfeld fundó en Berlín el Wissenschaftlich-humanitäres Komitee (Comité Científico Humanitario), la primera organización de defensa de los derechos homosexuales del mundo.


En 1903 apareció la segunda organización, la Gemeinschaft der Eigener (Comunidad de los Peculiares), fundada por Adolf Brand, que veía con desagrado la tolerancia del afeminamiento propia de Hirschfeld y sus seguidores. La Gemeinschaft ponía el acento en la masculinidad y el eros pedagógico.


El grupo de Brand editaba una revista, Der Eigene. Ein Blatt für Alle und Keinen ("Un periódico para todos y ninguno": el drama de la comunidad imposible). A partir del segundo año, la bajada cambia a Ein Blatt für männliche Kultur ("Un periódico de cultura masculina") y la periodicidad se declara nominalmente mensual, aunque sale irregularmente y con interrupciones (Ilustran esta nota algunas fotografías de esa publicación, de 1909.


Entre 1907 y 1909 el Comité Científico Humanitario sufrió una crisis a consecuencia del escándalo Eulenburg (que reveló al gran público orgías sodomitas en el seno de las tropas imperiales). Durante el período de entreguerras, Hirschfeld llegó a convencer a los Mann, a Rilke y a Hesse (entre otros) de la justicia de su causa.


Esos jóvenes formados en el espíritu comunitario y antimoderno de los Wandervögel, que despreciaban la política como juego burgués y que miraban con hostilidad a los adultos (padres o pedagogos) como parte de un aparato de domesticación de sus energías vitales, esos disidentes de la heteronormatividad, son los que marcharon con algarabía a la Primera Guerra Mundial, llevando en sus mochilas libros de Hölderlin y Goethe y entonando sus canciones contraculturales. La guerra, podría decirse (entonces como hoy) los estaba llamando para acabar con ellos.

julio 03, 2009

Contra el capital emergen los Black Blocs

En Europa se asumen como grupos que encabezan movilizaciones antisistema y se vuelven comandos de choqueComo se vio en la cumbre del G-20 celebrada en Londres, los Black Blocs son la lanza inflexible de los enfrentamientos con la policía, la destrucción de propiedades capitalistas y la ocupación momentánea de ciertas zonas céntricas de las ciudades.
Eduardo Febbro

Hakim Bey podría contemplar la influencia de su obra a través de las pantallas de la televisión. El teórico de las TAF, Zonas Autónomas Temporarias (Temporary Autonomous Zone en inglés), creó un concepto que los movimientos radicales convirtieron luego en Black Blocs. Estos grupos pequeños son los que, en el curso de las manifestaciones contra el G-7, la OTAN, el FMI o el G-20, ocupan la cabecera de las movilizaciones y se transforman en comandos de choque: sucursales de bancos destruidas, autos de lujo quemados, vitrinas saqueadas y enfrentamientos directos con las fuerzas del orden caracterizan un modo de acción que remonta a los años '80 y que, a partir de los '90, se nutrió de los principios enunciados por Hakim Bey. Este autor anarquista se llama en realidad Peter Lamborn Wilson. Escritor poético y político, Wilson se define como un "anarquista ontologista".


Su obra, a la que han contribuido otros utilizando el pseudónimo de Hakim Bey, teoriza una forma crítica de ocupar el espacio controlado por los aparatos estatales. Según su editor, las TAF "aparecen y desaparecen para escapar mejor a los agrimensores del Estado. La TAF ocupa provisoriamente un territorio, en el espacio, en el tiempo o el imaginario, y se disuelve en cuanto está repertoriada. (...) La TAF es una 'insurrección' fuera del Tiempo y de la Historia, una táctica de la desaparición". La traducción más extrema y moderna de ese enunciado se plasmó en las operaciones de los hoy llamados Black Blocs: ocupar un territorio en el curso de una manifestación, destruir las propiedades capitalistas –bancos, comercios de lujo, sedes de multinacionales– y expresar con ello el rechazo al sistema. Como se vio en la cumbre del G-20 celebrada en Londres y la de la OTAN organizada días después en la ciudad francesa de Estrasburgo, los Black Blocs son la lanza inflexible de los enfrentamientos con las fuerzas del orden y de la ocupación momentánea de ciertas zonas céntricas de las ciudades: "Se trata de hacer de las cumbres oficiales un desastre, una nube de desorden y de celebración anti-sistema", explica Julien, un Black Bloc belga que participó en la toma de la zona del Banco de Inglaterra en la cumbre del G-20 y luego viajó a Francia para integrar los BB que devastaron una zona consistente de las afueras de Estrasburgo durante la cumbre de la Alianza Atlántica.


OTAN, Banco Mundial, G-7, G-20, Fondo Monetario Internacional, cumbres europeas u Organización Mundial del Comercio son "nuestros blancos preferidos porque estas instituciones encarnan la peor versión de la gestión de los asuntos humanos", agrega Julien. Los BB no son, sin embargo, un movimiento organizado ni una estructura funcional con un mando y una doctrina. Se trata de un núcleo "horizontal", de un "grupo de afinidades" que se forma según las ocasiones y que consta de componentes cambiantes: anarquistas, anticapitalistas, libertarios, extrema izquierda, autónomos, ecologistas radicales, etc., etc. Jonathan, un aguerrido irlandés de 26 años, advierte que no se "es Black Blocs como quien es comunista o de extrema izquierda. Black Blocs no es una pertenencia sino una participación a los BB. No somos una nebulosa anarquista como nos definen por ahí, sino que encarnamos una manera de asumir acciones". Los BB cambiaron el esquema de organización tradicional del movimiento obrero, de los estudiantes y de los movimientos sociales. Los llamados "grupos de afinidades" reemplazaron la idea de comunidad o de pertenencia a una clase para crear una nebulosa sin gestión centralizada, independiente de las demás pero que comparte un objetivo momentáneo y violento.


Su marca operacional dio la vuelta al mundo. Los BB entran en escena con carritos llenos de proyectiles, limones y suero fisiológico contra los gases lacrimógenos. Algunos llevan cascos de moto, otros pañuelos en la cara, anteojos de natación o de ski, máscaras de gas o máscaras con el rostro de algún dirigente mundial, palos, cadenas y hasta cócteles Molotov. Jean Michel, un BB francés que fue detenido en Estrasburgo luego del incendio de un hotel y de un centro comercial, admite que con esas acciones "nadie pretende cambiar la sociedad, ni transformar el sistema. Queremos, al menos, demostrar que no nos resignamos, que frente a la violencia oficial de los Estados, al control de todo, a la desigualdad destructora y a la impunidad de los sistemas hay aún una cofradía insurgente que dice que no a su manera".


El nombre de Black Blocs proviene de los primeros núcleos duros, cuando en el centro de las manifestaciones se agrupaban en bloque vestidos de negro. Las interpretaciones de sus orígenes, aunque divergentes, tienen una raíz: son los movimientos de ultraizquierda de Europa que empezaron las acciones violentas en los '80. Entre ellos, se destaca el movimiento autónomo alemán, que se caracterizó por la violencia de los enfrentamientos con la policía y la ocupación de calles y espacios públicos. El colectivo alemán "Schwarzer Block" se formó en los '80 en defensa de los lugares autogestionados y de la ocupación libre de casas desocupadas. Esta rama naciente proponía una crítica y una práctica radical en total ruptura con los modos de protesta tradicionales. Los BB entraron luego en escena en dos ocasiones, ambas muy violentas: una, en 1991, en los Estados Unidos, durante las manifestaciones contra la primera Guerra del Golfo; la segunda y la más espectacular: el 30 de noviembre y el 1° de diciembre de 1999, en la ciudad norteamericana de Seattle, en el curso de la cumbre de la OMC, la Organización Mundial del Comercio. La cumbre tuvo que ser levantada debido a la devastación provocada por la acción de los BB.


Fue allí donde los Black Blocs llevaron a la práctica la idea de Zonas Autónomas Temporarias teorizada por Hakim Bey. Los BB destruyeron vitrinas de bancos, cafés, restaurantes, bares burgueses y sucursales de Nike. A lo largo de muchas horas, más de un barrio de la ciudad fue ocupado y transformado en Zona Autónoma Temporaria. El Revolutionary Anti-Capitalist Block B RACB y Anti-Statist Black Bloc B ASBB son los BB más conocidos por la envergadura de sus acciones. En cambio, el Clown Bloc introdujo una forma distinta de ocupación mediante la parodia de la esfera política oficial y las instituciones gracias a un espectáculo de teatro callejero. Aunque el principio de los Schwarzer Block se extendió al mundo entero, sigue siendo Alemania donde persisten con más arraigo. Los BB agrupan más de 70 organizaciones cuya actividad se extiende desde Berlín, pasando por Hamburgo, el Ruhr hasta Dresde. Según informes alemanes, ese ejército anarquista pesa unas 6000 personas. La consigna de estos núcleos que encontraron en Internet una pasarela de comunicación ideal no varía: "ir al frente para descomponer la imagen que las instituciones del sistema quieren dar del mundo", explica Franz, un BB alemán. Antonio, de origen español, resume todo el pensamiento de los BB cuando afirma: "La única forma de poner al capitalismo en peligro es atacando su corazón, es decir, la propiedad. Los Black Blocs se presentan como un antídoto contra el conformismo. Sin embargo, su modo de acción ha acentuado también la amplitud de los despliegues policiales y la brutalidad de las fuerzas del orden. Antonio descarta esa crítica y alega: "Es el precio que la sociedad debe pagar para que el capitalismo exterminador sufra en su propia carne las degradaciones que él también comete".

mayo 31, 2009

Libertad


Entonces la libertad

como una sombra de si misma sin consuelo

andaba deambulando en los rincones

llena de soledad y desconcierto

Entonces la libertad

era una garúa transparente

un suspiro ahogándose en la noche

un sueño en tantos sueños

un candado

Entonces la libertad

buscó su lugar entre las balas

pero su lugar allí no estaba

allí estaban sólo las balas

Buscó

entre el hambre del hombre condenado

pero el hombre allí no estaba

allí estaba sólo la condena

porque ser hombre no estaba permitido

Buscó

en los ojos de sus frágiles criaturas

que a los quince años morían

murmurando su nombre entre los labios

niños soldaditos de la muerte

pero su lugar allí tampoco estaba

allí había una juventud hecha pedazos

que nunca más ya nunca la verían

Entonces

entonces la libertad

mutilada saqueada amordazada

se sentó a un costado silenciosa

a curarse el esqueleto mal herido

y a tratar de entender en que momento

en que momento fue que libertad

se transformó en sinónimo de holocausto

Hoy

señora libertad aquí nos tienes

luego de una agonía lenta y dolorosa

luego de haber perdido todo y sobre todo

haber tocado el infierno con los huesos

aquí nos tienes

como pájaros vírgenes y heridos

Señora

yo no sé cual será el camino

para hacernos crecer como se debe

tómame de la mano y vamos

vamos a caminar juntas este trecho

a saludar el sol que está naciendo

vamos

a recuperar juntas la

alegría.

mayo 18, 2009

Cosas que nunca más

Francisco Paredes

A las lágrimas que esa noche yo había vertido sobre la carta en la que mi primer novio me decía que el amor se había terminado, se le sumaron, a la mañana siguiente, las lágrimas de mi madre. Y no porque ella se compadeciera de mi sufrimiento por ese amor adolescente (yo tenía entonces 16 años) sino por el papel que encontró en el bolsillo del pantalón que justo había agarrado para lavar con otra ropa que estaba tirada en mi cuarto. Fue su llanto lo que me despertó esa mañana. El llanto desconsolado de una madre que acababa de enterarse de que su hijo era gay, porque la carta que yo me había olvidado guardar en la mesita de luz estaba firmada por un tal Alejandro. "Sí, es una o. Alejandro. Como el amigo de Tomás", habrá pensado ella. Sentada en la cocina, mi madre enjugaba sus lágrimas en un delantal cuando me levanté para saber qué estaba pasando. "¿Qué es esto?", me dijo con expresión entre desconsolada y furibunda. "Es una carta...", le contesté, duro como una estatua. ¿Un episodio así cuenta como salida del closet? ¿Deseaba inconscientemente que se enterara? ¿No sabía acaso que los sábados aprovechaba para lavar ropa? Ese mismo día se enteraron mis dos hermanos y mi padre.


Puesto que mi familia era muy católica, no hubo palabras de aceptación sino todo lo contrario. Yo había sido muy sobreprotegido desde chico. Quizá porque mi hermano mayor había tenido un problema de adicción a las drogas, "por la mala junta", como creía mi padre. Eso me volvió muy retraído, antisocial diría. No tenía amigos. Mi vida transcurría de mi casa al colegio y del colegio a casa, de mi casa a la iglesia y de la iglesia a casa. Hasta que apareció Alejandro y así empezaron las llamadas telefónicas, las salidas, las llegadas tarde. Lo primero que me prohibieron fue que yo siguiera viéndolo, más allá de que en la carta eso ya estaba sellado. Me mandaron a hablar con el cura. Tuve una entrevista con un psicólogo de orientación católica: "Para la religión, ¿ser gay es una enfermedad?", le pregunté. Y el muy canalla: "Mirá, para cualquier psicólogo no, pero para un psicólogo católico sí". Todo se hizo muy difícil. "Te vas a ir al infierno. No tiene perdón el pecado que estás cometiendo", me sermoneaba mi madre. ¿Si volvería a dejar la carta en el bolsillo del pantalón? Obviamente no, porque si bien ni mis padres ni la Iglesia pudieron malograr mi vida como gay, y mi accidental salida del closet me ayudó a aceptarme y a entender lo equivocados que estaban los demás, nunca más volví a escribirle a nadie una carta de amor. Y no porque después se haya inventado el e-mail.

abril 18, 2009

Una rosa es una bomba es una rosa es una bomba

Militante radical tanto en el feminismo de finales de los '70 como en el movimiento queer diez años después, la cineasta Su Friedrich supo convertir en poesía su ideario a través de dieciocho películas –la mayoría documentales– escritas, dirigidas y filmadas por ella misma. El imaginario erótico de las lesbianas, la iniciación, el desafío constante al sistema de géneros, son algunos de los temas que abordó obsesivamente y que ahora podrán revisarse en la retrospectiva que el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires le dedica a partir de la semana que viene.


Diego Trerotola

En su erudito libro Now you see it (1990), Richard Dyer escribió sobre las primeras generaciones de cineastas gays underground de los '50 a los '70, como Jean Genet, Kenneth Anger, Jack Smith, Andy Warhol, Gregory Markopoulos, etcétera. Tras un análisis lúcido, Dyer precisa una conclusión general: "Las películas gays underground no demandaban ser gays en absoluto, demandaban ser personales. Tal tensión sobre lo individual es un anatema a la colectiva noción de identidad. El acento en lo individual es la diferencia de él/ella con cualquier otro/a, y no lo que él/ella comparte con otro/as [...] Los fragmentos y las superficies, la autenticidad y lo teatral, el control y el abandono del cine gay underground indican algunas de las inestabilidades que perturban y que regocijan la necesaria ficción de la identidad". Si bien desde el principio las películas queer pioneras de Su Friedrich parecen pertenecer a esta tendencia del cine underground, también se proponen ser una instancia superadora del conflicto entre lo individual y lo colectivo, adscribiendo a comunidades definidas, pero liberando un impulso personal dentro de esa dinámica grupal, creando una lógica donde el juego particular está implicado en el deseo colectivo. De la performance feminista al activismo queer más radical, de la alucinación onírica al documental autobiográfico, del panfleto petardista a la poesía sugestiva, siempre los ojos voraces de Su Friedrich se emborracharon en la bacanal de la lucidez cinematográfica para terminar viendo doble: las realidades y sus reversos.


Despabilada, pero sin olvidar sus sueños, Friedrich se puso en tránsito desde hace más de cuarenta años sin nunca dejar de reinventarse a sí misma, transmutada en imágenes y sonidos gatillados por una cámara sin tregua, sin obturador. En un juego orgánico de autoexposición, cada película de Friedrich es su propio renacimiento, proyectando sus particularidades frente a los valores universales. O mejor: sus partículas estallan en el universo, sin que nunca el eco de esa explosión se expanda uniforme sino que se convierta intermitentemente en lírica soñadora, en estruendo inesperado, en grito primario.


Género y naturaleza de los sueños


Empezando desde un feminismo militante a finales de los '70, Friedrich hizo Cool Hands, Warm Heart (1979), corto donde un grupo de mujeres realizan performances en la calle: se cortan el pelo, se afeitan piernas y brazos, pelan una fruta, como si fuesen parte de una feria de espectáculos de variedades. Entre un público desconcertado, una joven, protagonista del corto, recorre los escenarios improvisados de las mujeres, pero en lugar de ocupar el lugar de espectadora atónita, interviene en las performances, desviando el destino prefijado de la acción. Por ejemplo, la crema de afeitar en las piernas sirve para pintarle una barba a una mujer, buscando el signo opuesto de su valor de uso. En esa feria se evidencia el género como performance (antes de que Judith Butler teorice con eso) o como puesta en escena pública para que salgan del closet los rasgos íntimos de modelación del cuerpo y género y entren a la polis, donde se negocian las identidades. Y así, como acto inaugural de su cine, el proceso de politización del cuerpo, del género, de las acciones, está evidenciado, intervenido, abierto por la visión de Friedrich.


Ese mismo año, Su siguió investigando la visibilidad callejera como configuración genérica con Scar Tissue (1979), un corto que imprime una danza de lo masculino y lo femenino como impostura pública, en planos captados como instantáneas documentales que dejan al descubierto los cuerpos intoxicados por ciertos valores predeterminados por el diseño de una industria del uniforme machista. Si todo era más o menos un análisis exterior de las poses y vicios sociales, Friedrich, en un gesto que repetirá a lo largo de su obra, pega un volantazo hacia el otro lado del asunto: se mete en su fuero más íntimo, en el lenguaje de sus sueños. Así, en introspección extrema, áspera, Gently Down the Stream (1981) y But No One (1982) son los cortos que inician una nueva década del cine de Friedrich en clave onírica y con el deseo a flor de piel: en un blanco y negro contrastado, con palabras rayadas sobre el celuloide, las imágenes fragmentadas son como una porno-radiografía emocional sobre el amor polimorfo y extraño. "Hago una segunda vagina al lado de la primera. Miro sorprendida, ¿cuál es la original?", se pregunta Friedrich en uno de los carteles de Gently Down the Stream para confirmar la ruta preferida de su cine: la intervención constante en la naturaleza, no para eliminarla, anularla o negarla, sino para coronarla con una reconfiguración, con una desorganización diversa. No negar la genitalidad sino inventar otra genitalidad, otro deseo alternativo que conviva con el anterior, que ponga en crisis, que confunda, que haga soñar. Friedrich tiene algo de bióloga y de maestra jardinera (en el sentido más botánico de la expresión): su mirada empática del mundo animal y vegetal está en casi todas sus películas (algunas, como The Head of a Pin, giran casi exclusivamente alrededor de este eje), para buscar similitudes y diferencias, para complejizar las ideas sobre las relaciones sociales, a veces como vía de escape poético, a veces como metáfora expresionista, siempre como dinámica para abrir un orgánico proceso conceptual y audiovisual.


La infancia de la historia activista


Si hasta ese momento de su obra el gesto onírico o performático se instalaba en un presente perpetuo, Friedrich viaja por la historia a través de un nuevo ciclo: The Ties that Bind (1985), Damned if you Don't (1987) y Sink or Swim (1990) son tres películas que rebobinan el tiempo para intervenir el pasado, el presente y el futuro. The Ties that Bind es un documental biográfico en forma de tributo a su madre alemana que protagonizó una lucha contra el nazismo; Damned if you Don't es el retrato de tribulaciones homoeróticas de una monja del presente yuxtapuesto con textos sobre el lesbianismo en el Renacimiento italiano de la hermana Benedetta Carlini; Sink or Swin es la relación de una niña con su padre, leída a partir de los mitos griegos como cuentos infantiles de poder, crueldad, locura y sexo. Herencia y ruptura, mito y realidad, evocación y creación, la intimidad y lo público, todo cruzado por esas líneas de la creación de la historia y la subjetividad (que muchas veces, como acá, son la misma cosa) para pensar el presente con una fuerza que desembocará en un movimiento que Friedrich ayudó a gestar a través de sus películas: el movimiento queer.


A principios de los '90, con una forma de activismo de confrontación más radical, de desobediencia civil, lo queer se hizo presente para desarticular toda tendencia reduccionista, petrificada y anquilosada de los movimientos gay-lésbicos tradicionalistas. Instalada definitivamente en Nueva York, Friedrich se sumó a uno de los grupos más combativos del cosmos queer: The Lesbian Avengers, comunidad lésbica de acciones creativas que dinamitó la idea de género y sexualidad femenina. Y esa asociación da como resultado su película más incendiaria: The Lesbian Avengers Eat Fire Too (1993), panfleto documental que testimonia un año en esa organización que ganó las calles con propuestas que aún son revolucionarias. "Una rosa es una bomba es una rosa es una bomba", fue la reescritura de las Lesbianas Vengadoras del loop verbopoético de Gertrude Stein que imprimieron en la tarjeta de invitación para la inauguración de una estatua móvil de Alice B. Toklas, la amante de la escritora, adosada al monumento oficial de Stein en Nueva York como gesto amorosamente libertario y flamígero. Ese acto ponía en escena la invisibilización de la historia lésbica, que las activistas de Lesbian Avengers tuvieron como política central en ese momento, con otras intervenciones públicas como repartir a lxs niñxs en las puertas de los colegios globos violetas estampados con la frase "Pregunte sobre la vida de las lesbianas".


El ciclo activista de Friedrich se había iniciado con First Comes Love (1991), donde los rituales del matrimonio heterosexual en una iglesia son interrumpidos con una lista de 158 países que en ese momento prohibían cualquier forma de unión diversa (y que casi son los mismos en la actualidad). Y con Hide and Seek (1996), su película más popular, Friedrich amplía su activismo con un docudrama que amalgama la ficción homoerótica de una niña de doce años con entrevistas y documentos de un grupo de lesbianas sobre su infancia, más la reinterpretación de films educativos y eróticos. Con el juego de las escondidas referido en el título, esta película originalmente producida para TV expone una infancia entre la androginia y la definición genérica, donde lo femenino y masculino disparan una dinámica lúdica (el juego infantil está presente en gran parte de las películas de Friedrich como espacio utópico de intercambio de identidades y roles, y en esta película tiene su lugar privilegiado). La menstruación o el crecimiento de los senos como fin de la androginia preadolescente, el voyeurismo de la bombacha de la señorita maestra, la fetichización de las villanas de la cultura popular, son algunos de los ejes donde los testimonios y la ficción se arremolinan para crear un intimismo con la infancia lésbica en un recreo permanente del género, que a veces es traumático y otras veces idílico, porque el movimiento sentimental y el proceso de la identidad implica un rango de estados emocionales que Friedrich retrata con ojo maestro.


En el nuevo milenio, Friedrich consigue una expansión de sus horizontes, mezclando caminos iniciados décadas atrás con nuevos territorios conquistados por su mirada afanosa y experimental. Sigue la mutación del propio cuerpo a causa de la enfermedad y la lógica médica en The Odds of Recovery (2002), donde enfermedades varias obligan a Friedrich a someterse a seis operaciones en pocos años, registrando cambios, cicatrices, malestares, en una indagación tanto de su libido como de la anatomía femenina; luego hace un corto entomológico en una casa de campo, The Head of a Pin (2004), y una película sensorial sobre el color rojo, Seeing Red (2005). Si esto no bastaba para que lo diverso sin límites implosione en su obra, en 2007 estrenó From the Ground Up, un documental de observación sobre la economía política global contemporánea, donde con mirada analítica Friedrich destraza los recorridos del café, desde su plantación hasta su consumo, de Guatemala a EE.UU., pasando por toda la industrialización y explotación capitalista, para mirar de cerca la lógica de la mercancía actual. Otro cambio de timón, y así la vitalidad y versatilidad de sus películas sigue firme, vigente y mutante, porque Friedrich mantiene su ojo despierto y dispuesto (¿será por la cafeína?) para diseminar ideas sobre los géneros (cinematográficos, identitarios) y visibilizar mejor que nadie la naturaleza de los procesos de construcción cultural de nuestros tiempos.

abril 05, 2009

Los otros


Eduardo "Tato" Pavlovsky

El otro día salí de mi casa y me encontré con seis niños que me esperaban con las manos abiertas rogándome si les podía ofrecer un poco de comida (no de dinero). Los niños tendrían entre 3 y 8 años. Yo conocía a la madre, a la que había ayudado varias veces, y ella me dijo: "Doctor, por favor, tienen hambre, quieren comer algo". Un tanto impresionado por la visión kafkiana de la cara famélica de los niños saqué 20 pesos y se los di, señalándoles una rotisería donde podrían conseguir el almuerzo del día. La verdad es que la alegría de los chicos fue enorme y partieron corriendo hacia el almacén. Salí de mi casa caminando hacia Libertador cuando vi otro chico que se acercaba para pedirme comida. Le conté que hacía unos minutos unos niños me habían pedido comida y que estarían comprando en la fiambrería de la esquina –con un pequeño dinero que les había dado– y que tal vez podía pedirles algo. Salió corriendo y casi un coche se lo lleva por delante, tal era la velocidad y distracción que imprimió a su carrera. Seguí caminando hacia Libertador, donde tomé un taxi hasta Rodríguez Peña y Santa Fe.


Otros aires dije yo, otra ropa, otras mujeres. Me sentía en París. Cuando una señora con una beba en los brazos me agarró de un hombro y me dijo: "Don, me puede ayudar, hace un día que la nena no come. Vaya si quiere Ud. a la farmacia y cómpreme leche en polvo. Yo lo espero aquí. Para la nena es importante...". No tuve cuerpo ni bolas para ir a la farmacia, le di 15 pesos, que era el vuelto que me quedaba. La señora, muy agradecida, me dijo –con sus ojos verdes humedecidos por un llanto que no parecía fingido– "que Dios lo ayude" y se fue caminando hacia la farmacia.


La indigencia, la pobreza, pensé, es una fábrica de construcción de delincuencia. Hacía un rato había escuchado a un psiquiatra por TV decir que la delincuencia es congénita y que no hay tratamiento posible para ella. Sólo encerrarlos para toda la vida por su peligro, ante la mirada aprobatoria de los demás ignorantes que lo rodeaban.


Me acordaba de que en las favelas de San Pablo los niños luchaban a favor de los narcotraficantes en contra de la policía, porque los narcos les daban comida. ¿Por qué iban a luchar en contra de quien los alimentaba?


Pensaba –como lo he observado– que la delincuencia profesional toma a estos niños de la calle y los forma como especialistas del robo. Pensaba en los niños de las verjas que me pedían comida, en el niño que se me acercó después, en la joven señora que me pedía leche en polvo de la farmacia. Con qué valores se formarán –cuando no existe el continente afectivo que los proteja–, cuando no tienen ropa, cuando no comen bien, cuando no tienen estudios ni recursos sanitarios, cuando sacan la comida de las bolsas de la calle, cuando ven hoy más que nunca la desigualdad social llegando a límites insospechados.


El 30 por ciento de los niños en nuestro país son pobres o indigentes. No querer ver que existe pobreza e indigencia es responsabilidad del Estado, es aceptar que las crisis las podemos sufrir la clase media y la clase alta –2/3 del país–. Pero ese sector del subdesarrollo de los recursos humanos más elementales no sufre las crisis ni las entiende. Sólo percibirá el menor suministro del limosneo o la menor calidad de la comida que arrojan en las bolsas los privilegiados de siempre.


Pero siendo así –lo vemos así– no podemos dejar de percibir la desigualdad social cada vez más escalofriante. Me pregunto por qué el Estado no lo nombra y actúa en consecuencia. Tres generaciones de niños con daños neurológicos por falta de una educación adecuada y mal atendidos en los hospitales porque muchos no tienen dinero para viajar.


Si no se ataca la pobreza como prioridad absoluta estamos matando literalmente a estas vidas sin futuro, sin alegría, sin esperanza, 1/3 del país. Vidas desahuciadas. Vidas desperdiciadas. Las corporaciones políticas parecen esquivar el gran problema. Pero esta gente –sólo ayudada por algunos movimientos sociales– queda de espaldas a la vida. Sin pertenencia de país. Sin arraigo. Todo esto nos pasa a nosotros y lo más terrible es que aún hoy hay recursos para sacarlos del infierno, del lugar de la promiscuidad, del hacinamiento, de la desnutrición y de la delincuencia. No debemos ser ahora indiferentes a la muerte de ocho niños por día en nuestro país de hambre. Es un crimen. En serio. Crimen que tiene responsables.

abril 04, 2009

La seguridad de los otros

El 28 de febrero, Mariana Paz esquivó de milagro el tiro que le disparó un vecino de Villa Luro. Un mes después, circuló una carta anónima lucubrada por alguien del mismo barrio. "Echar o eliminar" a las travestis, como Mariana, de la zona, propone la letra que sella una violencia tan intensa que parece de otras épocas, pero que sin embargo se puede advertir tanto en este episodio como cada vez que se reclama "seguridad" a costa de la más elemental protección de los derechos humanos.



Villa Luro está ubicada a un costado de Rivadavia al 9500. Se lo llamó "barrio de las calles románticas"; muchas tienen nombre de escritores (Dante, Byron, Homero). Las casas tienen techos a dos aguas, algunas forradas en mármol o con piedras Mar del Plata. No se ven, casi, rejas. Sus veredas son tranquilas, arboladas, andar por aquí de noche es como pasear bajo una pérgola. La iluminación no proviene de postes sino de faroles que cuelgan por encima de la calle. Un instituto de inglés, algún almacén, talleres mecánicos, son los negocios más vistosos.



"Estos hombres vestidos de mujer están ensuciando nuestro barrio, podrían tranquilamente ir a el lugar que el gobierno de la Ciudad les dio, en Palermo, pero no; también podrían hacer lo que hacen en la puerta de sus propias casas, pero no, lo hacen en las nuestras."




Mariana Paz pagó cara la discreta rebelión de haber saltado la valla impuesta por otros vecinos y por el gobierno de la Ciudad a las travestis que se ven en la necesidad de prostituirse. Ella no lo hace en Palermo; hasta hace poco y durante dos años lo hizo allí, en Villa Luro, el barrio de las calles románticas, la clase media trabajadora y ese declive evidente que se adivina cuando se acerca la General Paz. Fue así hasta que, una noche de carnaval, Mariana Paz supo que la suerte podía estar también de su lado: un vecino salió de su casa, le apuntó con un arma en la cabeza y lanzó un disparo. Ella pudo agacharse y zafar. Tuvo suerte, sí, aunque ya no volvió a la esquina que había elegido para ganar su propio dinero. Es que, a veces, el miedo manda.




Después de ese día, varias de las compañeras de Mariana fueron atacadas: a una le pegaron, a otra le cortaron un dedo, a otra le lastimaron la cara. Las obligaban a escaparse, a salir corriendo.




"Somos un grupo de vecinos anónimos que se decidió definitivamente a entrar en guerra con estos hombres vestidos de mujer; si querés sumarte, leé y actuá. Vamos a trabajar en forma anónima y desvinculada, como lo hace el terrorismo, es decir, no tenemos que juntarnos, ni discutir nada, sólo tenemos un objetivo en común que es eliminar a estos travestis de nuestro barrio; para hacerlo, todo tipo de agresión hacia ellos es válida, cuanto más violenta, más miedo les va a causar y más rápido se van a ir; pero como mencionamos antes, todo suma para echarlos."




La agresión a Mariana o a sus compañeras no fue noticia. Quedó a salvo, amparada por la tranquilidad y el silencio del barrio de las casas bajas. El folleto que llama a actuar con métodos de terror, en cambio, circuló por diarios, revistas, programas de televisión y hasta organismos oficiales. Lo que estaba escrito no pudo ocultarse: fue prueba suficiente para habilitar las muecas de espanto en una ciudad que se jacta de "tolerante" pero que, a la vez, tolera las agresiones a personas trans en silencio. (Según la última encuesta realizada por la activista Lohana Berkins, el 91 por ciento de las travestis sufrió violencia. ¿Será que el testimonio de las afectadas no tiene el poder de prueba que tiene la letra impresa?)


Sin embargo, no hay ahora en las calles que honran a la literatura ningún folleto a la vista, ninguna proclama exigiendo acción para frenar la "inseguridad" y la "desvalorización de las propiedades". Ni la mano que la arrojó ni la piedra son ya visibles. Aunque también es cierto que tampoco es posible encontrar a las travestis que antes se ganaban la vida exponiendo su cuerpo en una esquina. El miedo aconseja prudencia pero, al menos en este caso, no inacción. Mariana Paz hizo, en su momento, la denuncia. Tiene la dirección exacta de su agresor: Rafaela entre Leopardi y Manzoni. ¿Cómo no sospechar que fue ese hombre quien tipeó el manifiesto transfóbico? Toda esta información fue recogida por los abogados del Inadi, quienes acaban de iniciar una causa penal para esclarecer el episodio. El corazón de la acusación es apología del delito, cita el derecho a la igualdad y a la no discriminación, a la vida, a no ser sometida a tratos crueles ni degradantes. El expediente acaba de redactarse y Soy tuvo acceso. Remata: "En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires existen normativas que convocan al respeto a la autodeterminación sobre el propio cuerpo y la identidad autopercibida de las personas. Así, el Art. 11 de la Constitución garantiza que las personas tienen idéntica dignidad y son iguales ante la ley. Se reconoce y garantiza el derecho a ser diferente".



EL DIA DESPUES


Esta semana nadie parece saber nada en Villa Luro sobre el episodio que los vuelve noticia. "¿Folleto?", "¿Travestis?", "Ni idea", "Je, je, ¡todo bien!", "Me enteré por la tele". Eso repite la mayoría de las personas consultadas, que vuelven con su bolsita de las compras o pasean al perro. Ni Fabián, que está al frente del buffet de la Asociación Amigos de Villa Luro, escuchó nada entre los parroquianos. Pero por lo bajo aclaran que la gente no habla por temor a represalias, o que habrá sido alguien que tuvo un problemita con alguna travesti, o que será un modo de sacar ventaja (?) política ahora que se vienen las elecciones.


En la peluquería llamada Miguel Angel, sin embargo, la información se cuela. Allí comentan que hace largos meses un par de vecinos se reunió para evaluar cómo exiliar a las trabajadoras sexuales, pero el grupo se desintegró antes de lucubrar cualquier plan. En otro salón, frente a la pregunta sobre los "100 vecinos autoconvocados", tal cual informó el sábado pasado Clarín, salta la ficha.


–Qué bien que estamos que trolos, lesbianas y chorros tienen derechos –dice Alberto.


–¿...?


–Los travas no tienen nada que hacer, ni acá, ni en Palermo, ni en ninguna parte. Siempre están esos negros que dicen que los están cuidando, pero son los que después te van a chorear. Son enfermos, tienen que estar en un lugar cerrado. Si el Gobierno les da casas a los chorros, que también les den a ellos un habitáculo para que puedan ahí llenarse de sida. Si tenemos que pedir seguridad nosotros porque la cana no actúa, volvemos a la década del '80 en los Estados Unidos, tolerancia cero, que la gente salía armada a la calle para hacer justicia por mano propia y ser más equitativos.


Otro hombre, Diego, se envalentona y cita un viejo argumento:


–Por ahí no molestan a la sociedad. Pero a un nene de 5 años, ¿cómo le explicás que estén mostrando las tetas? Yo soy peluquero, no me voy a cortar el pelo al Obelisco porque tengo ganas, salvo que arregle con el comisario.


La conversación, en grupo, se hace fluida. Esta vez es una señora, Gabriela, la que habla:


–A mí no me molestan porque defienden a la gente. Tengo una clienta a la que le quisieron robar el coche, ella venía a la noche de salir. Y los travestis vinieron al humo y los tipos salieron corriendo. Dicen que no los quieren porque consumen. Pero el que consume es degenerado; además, cada uno consume lo que quiere. Cuando mis hijos preguntan, les explico: "Son parte de la vida".


Y otra mujer más, con el esmalte fresco, acota:


–No molestan. El travesti no se mete con mi nena de 13 años, al contrario. Pero ese negro de mierda que está en el negocio de la esquina la ve salir y le dice cualquier cosa. Porque va con el uniforme del colegio le dice guarangadas. Que vaya a su país a sacarse el hambre.



PIEDRA LIBRE A LA VIOLENCIA


Mariana Paz, desde la noche del disparo, no volvió a pisar Villa Luro, pero recuerda perfectamente a los agresores de sus compañeras: "Eran tipos que llegaban en autos, no eran del barrio, no los habíamos visto nunca", cuenta a Soy. El panfleto famoso, evidentemente, conocía el guión: "Podemos pedir a amigos y familiares que pasen con autos que no sean conocidos y los agredan".


Lxs vecinxs de Villa Luro admiten que en las últimas noches no hubo oferta de sexo en la vía pública, pero la calle tuvo un nuevo personaje: el auto celeste de la policía patrullando todo el tiempo. Los crímenes travestofóbicos son, luego del sida, la segunda causa de muerte entre las travestis. Son las mismas afectadas las que se ven obligadas a gritar la violencia de la que es victimaria la institución policial no sólo por ideología propia sino arengada por la intolerancia social. "El patrullero no nos deja trabajar tranquilas –retoma Mariana–. Yo no estoy yendo por lo que pasó, pero las chicas van y enseguida vuelven a su casa."


El folleto intima: "Si este volante llegó a tu sucia mano, tenés dos opciones: irte del barrio o hacernos frente con el riesgo que eso significa para tu salud". ¿Por qué siguen yendo?


–Para que vean que no nos rendimos. No nos queremos ir de ahí, nos sentimos cómodas, vivimos cerca. El barrio es tranquilo. No hacemos bardo. Algunas hace 20 años que trabajan ahí. En Palermo casi no se puede trabajar, hay muchas chicas.


¿Trabajaste antes en otro barrio?


–Sí, en la calle Godoy Cruz trabajé justo cuando fue el cambio al Rosedal. Pero allá nadie te agredía, los vecinos hacían denuncias, juntaban firmas, jamás hubo violencia.


¿Tienen miedo?


–Sí. Todas tenemos miedo. Queremos tranquilidad, nada más. No podemos ir a trabajar pensando si nos van a matar.



¿UN LOCO SUELTO?


"Es parecido a lo que pasó en su momento en Godoy Cruz, pero no tanto –compara María Rachid, de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (Falgbt)–. En Villa Luro lo que saltó es la expresión puntual de dos o tres vecinos, no de los vecinos. Hay uno que es casi un militante en contra. Por supuesto es terrible, hace mucho que no se expresaba una violencia tan extrema. A raíz de las repercusiones, dicen que no las van a dejar trabajar más en el barrio."


El argumento común ante una situación como ésta descansa sobre la letra del Código Contravencional. "Lo primero que hay que plantear es qué acceso a la salud, a la educación, a la justicia y al trabajo tiene esta población. Hablar de si está bien o no que trabajen en tal o cual barrio y qué dice el código es cruel –dice Rachid–. Estas personas acuden al ejercicio de la prostitución como única herramienta de subsistencia. Es muy cruel e irresponsable de parte de nosotros, como sociedad, y de parte del Gobierno, que no atiende propuestas que desarrollen políticas públicas que ofrezcan otras alternativas de trabajo."


Lohana Berkins lo dijo en el reciente encuentro feminista de México: "No aceptamos la prostitución como un destino". Según el libro que ella firma, La gesta del nombre propio, "la prostitución callejera es prácticamente la única forma de ingresos y ejercida por el 79 por ciento. A pesar del rechazo que reciben de sus familias, el 50 por ciento les manda plata regularmente. El 87 por ciento de las travestis encuestadas no estudia, aunque el 70 por ciento desearía hacerlo, pero no puede por falta de plata o por miedo a la discriminación. El 91 por ciento fue víctima de algún tipo de violencia, el 85,8 por ciento fue agredida por la policía".


Más allá de las delimitaciones geográficas urbanas, lo que se mostró en Villa Luro es una hilacha de homofobia, de transfobia que no reconoce fronteras claras. "Son cuestiones ideológicas", señala Diana Sacayán, del Movimiento Antidiscriminación de Liberación. "Esta organización como otras –la Comisión de Género de la Facultad de Humanidades de La Plata, que retoma su campaña 'Todas somos travestis'– están comenzando a reunirse para ver cómo enfrentar la situación con la altura que corresponde. Lo que se advierte es síntoma del 'pánico sexual', que, explicado académicamente, sería la operación ideológica que supone reducir la condición de género a una marca de sexualidad biologizada 'alarmante'. Por ejemplo, pensar a las mujeres solas o a las travestis como promiscuas, como perturbadoras de la moral, como la amenaza de la desviación sexual. ¿Consecuencia? Estas asociaciones refuerzan el control y aislamiento de esas personas como medidas 'preventivas' ante sus sexualidades 'en constante actividad y descontrol'", como cita un documento firmado por el área Queer de la UBA y la Federación Argentina Glttbi.


"Esa gente que largó el folleto viene de la escuelita de los escuadrones de la muerte que se están dando en Perú, por ejemplo. Y siempre hay algún que otro vecinito reaccionario, como en todos los barrios, que va a acordar con esto –reflexiona Sacayán–. Estas cosas, en definitiva, intentan atraer la atención para que empiece a haber una movida detrás, para habilitar otro tipo de persecuciones. Estamos a la expectativa de todo."

marzo 15, 2009

El corte de Roberto

"Cercanos al Apocalipsis, tenemos la oportunidad de poner cada cosa en su lugar: que los violadores sean identificados y que las víctimas descansen en paz, libres de las falsas culpas que les han adosado sus agresores. Es hora de que se termine la farsa satánica de acusar al indefenso abusado. Acepto llevar la antorcha de la liberación..." Así, con su estilo rimbombante, comienza el libro que Roberto Piazza sacó el año pasado, casi al mismo tiempo en que montó una ceremonia pública para unirse a su novio con el cielo de la disco Amerika, siete madrinas y mil invitados de testigos. De hecho se escucharon esa noche algunos fragmentos —los más duros— de su autobiografía por altoparlantes. Corte y confesión se llamó el libro, en un juego de palabras de obvia referencia a su profesión de diseñador de alta costura —aunque el mundo mediático insista en llamarlo modisto—, pero que también imponía un corte de cuajo en esa complicidad que imponen los abusadores sobre quien consideran el objeto de su abuso. "Shh, shh, no hables", le decía Ricardo Piazza a su hermano menor, más de una década menor, cada vez que lo violaba. Que no hable, porque en el silencio todo se confunde: el miedo con la culpa, la culpa con el placer, el placer con el miedo. Que no hable, porque era el abusador el que tenía la palabra: "Gordo puto", insultaba de día y ante los oídos de toda la familia. Que no hable, porque, total, nadie quería oír. Pero el diseñador habló. Hizo un corte que hirió de muerte el pacto de silencio al que lo habían obligado. Habló y escribió con detalles y con nombres y apellidos. En su estilo rimbombante, recargado, muy de acuerdo con ese estilo que es su firma y al que le sobra todo menos brillo. Y aunque su tribuna habitual —como él mismo dice— es la que fisgonea a la farándula y escucha con sed de morbo los detalles de su vida privada, Roberto Piazza habilitó la palabra para que otros y otras también pudieran romper la falsa complicidad con el agresor. Ahora es su sobrino el que denuncia. El hijo de su hermano se reconoció en ese texto que habla de todo para poder gritar lo que estaba destinado a quedar en el silencio. Y hoy el agresor está siendo juzgado. Como sea, en el estilo que quiera, Roberto Piazza puede decir que esa antorcha del principio ha cumplido su misión liberadora. Eso es lo que sucede cuando lo no dicho, lo silenciado, por fin se pronuncia. De esto se trata, tantas veces, el valor de la palabra.

marzo 08, 2009

Anna Span

Consejos prácticos para la mujer pornógrafa

Patricio Lennard

Se dirá que la música en las películas porno siempre es lo de menos. Que lo que importa es el sexo, y más si involucra la puesta en escena de alguna fantasía sexual que otros actúan para el espectador en un taller mecánico, una obra en construcción, una cárcel, un convento. ¿Pero adónde ha ido a parar toda esa artificiosidad? ¿Por qué el cine XXX insiste últimamente en privarnos de las malas actuaciones y de los decorados berretas? Los videos caseros que pululan en Internet y la frescura exhibicionista del sexo amateur le han marcado el camino a una industria que, al igual que la TV con los reality shows, no sólo ha encontrado una forma de abaratar costos sino también el sex appeal de convertir en set de filmación la habitación de cualquiera. Y alguien que entendió esto a la perfección fue Anna Span, la primera mujer directora de películas porno de Gran Bretaña. Con más de doscientas escenas filmadas en su haber, Span ha hecho del porno una forma de militancia, deconstruyendo el lugar subsidiario que suele tener el goce de la mujer en los films XXX y criticando lo funcional que casi siempre es el papel de las lesbianas a la excitación de los varones heterosexuales. "Hay tanta pornografía sexista y espantosa dando vueltas... Pero las mujeres necesitamos aprender de qué se trata", dijo quien insiste en crear en sus películas un "punto de vista femenino", deteniéndose más y más en el accionar de los hombres. Aunque si algo se le reconoce es haber abierto una nueva perspectiva con relación al porno lésbico, tal como lo prueba su texto de 1997 titulado Towards a New Pornography (Hacia una nueva pornografía).


Span –que comenzó a filmar como reacción a la bronca que le daba ver cómo en el porno los hombres eran satisfechos sexualmente mucho más que las mujeres– no siente, sin embargo, que sus películas sean específicamente para lesbianas, más allá de su gusto por las escenas de mujeres solas. Y es esa búsqueda por eludir los encasillamientos la que siempre ha ido de la mano, en su caso, de un interés por filmar en un registro lo más realista posible. No en vano ha publicado un libro titulado Shoot your Own Adult Home Movies (algo así como Filme en su casa su propia película porno), un manual que ya ha vendido más de 23 mil copias y en el que Span brinda consejos útiles y nos hace ver que la buena pornografía empieza por casa. He aquí algunos de ellos: "¡Relax! Es tu video, así que hacé lo que quieras y sólo aquello que te haga sentir cómoda. Todas las mujeres en escena deberían turnarse para usar la cámara, de modo que parezca lo más realista posible. Si sos tímida, inventate un personaje y así podrás enfocarte en lo que éste haría o diría. Tratá de conseguir la ropa y los accesorios apropiados –incluso los juguetes– para no tener que interrumpir el fluir de la escena. Y dentro de lo posible, poné la cámara en modo automático, ya que eso te permitirá despreocuparte de ella cuando tengas entre manos asuntos más urgentes".

¿Acaso no es tranquilizador saber que el sexo en la vida real no precisa doblaje?

marzo 02, 2009

El desvío


Mariana Docampo

En una época organizaba una milonga que se llamaba El Desvío, estaba en la calle Pringles y era como un tesoro. Si bien la milonga duró poco (apenas tres meses) pasaron allí muchas cosas, entre las cuales, la llegada de Jenifer. Jenifer era cross dresser. Señor hecho y derecho de día, padre de familia y amante esposo, de noche se ponía una minifalda, tacos, se pintaba los labios y venía a El Desvío a bailar tango. Al principio venía sola, y después trajo a otras amigas cross, entre ellas a una japonesa de piernas delgadas autodenominada Kimono, que sólo sabía guiar. A Jenifer la trajo Niní, veinteañera finlandesa que estaba realizando sus queer studies en Buenos Aires, y que si bien tenía novio, venía siempre a la milonga con su amiga Ursula, que estaba notablemente enamorada de ella. Jenifer se convirtió en el alma de El Desvío. Hablaba con todo el mundo, y sacudía su lacia cabellera varonilmente, porque no por ser cross dresser asumía los modos esperados para una mujer sino sólo el vestuario, en el que combinaba gasas y tules, un poco exagerados para el elegante-sport imperante en la milonga, pero que le daban sin dudas gran colorido y glamour. Jenifer caminaba despatarrada sobre sus tacos y se sentaba con las piernas abiertas a tomar cerveza, sin modificar la entonación de voz que había utilizado durante el día. Se autodefinía como "heterosexual" y, aunque entrañable, era bastante machista en sus opiniones. Otra escandinava amiga de las finlandesas, llamada Alex, comenzó a venir también a El Desvío por estos tiempos y un día quiso hacer una performance como Roberto, que era su nombre cross. Se había puesto saco y corbata, un bigotito hecho con el propio pelo de su cabeza, y llevaba un revólver. El final de la performance daba como resultado la muerte simbólica del género y ahí Roberto había pedido a Jenifer bailar un tango con los roles invertidos, lo cual a esta altura de las transformaciones ya resultaba un poco confuso. Lo que pasó finalmente fue que Alex/Roberto, Niní y Ursula volvieron a Finlandia y Jenifer fue interceptada por su esposa una noche, y obligada a quedarse en casa. Me escribió tiempo después un mail con remitente "Claudio" que lamentaba no haber podido volver a El Desvío porque su esposa le había prohibido volverse a vestir de mujer, pero que extrañaba mucho ser Jenifer libremente y bailar con nosotrxs. A riesgo de perder su matrimonio, se escapó de su casa otra noche y vino a la milonga. Esa vez todxs nos sacamos fotos, y bailamos hasta casi el amanecer.

febrero 07, 2009

Soledad

Tener a dónde ir
Aunque resulte paradójico, para quienes estuvieron en prisión salir es una de las etapas más traumáticas del proceso de la pena. Porque aun habiendo cumplido la condena el estigma que imprime la cárcel se convierte en un sello visible que aleja las posibilidades de trabajar o generar vínculos. Para acompañar a las mujeres en esa etapa, otras mujeres que también estuvieron presas están levantando una casa de medio tiempo para brindar capacitación para el trabajo y también alojamiento.
Elisabet Contrera

En el living, amplio y luminoso, con una gran mesa que luce un mantel tejido a crochet, se dictarán los talleres de oficio varios: serigrafía, pintura, encuadernación, tejido. En las tres habitaciones contiguas se ubicarán una al lado de la otra las camas, donde encontrarán refugio y contención muchas mujeres. En el patio, con paredes descascaradas por la humedad y calado por la escala de los grises, Silvia sueña con despuntar su amado oficio de artista y pintar el lugar con los colores de algún paisaje rememorado. La cocina-comedor seguirá siendo lo que es hoy: un lugar de encuentro donde, mate de por medio, se permiten soñar y aventurar cientos de proyectos y poner en práctica, pese a las urgencias y vicisitudes, muchos otros, como es la casa de medio tiempo. Se trata de una iniciativa de la asociación civil por La Vuelta Clara, integrada en su mayoría por mujeres externadas de la cárcel Nº 3, de Ezeiza, y que busca promover la integración de mujeres que fueron privadas de su libertad en cárceles federales. "Será un lugar de contención, albergue y promoción de microemprendimientos para aquellas mujeres que abandonan los penales y no tienen adonde ir ni cómo empezar", remarcó Clara Sajnovetzky fundadora de la organización y la impulsora de este proyecto.

La casa está ubicada en Fonrouge al 2100, en el barrio porteño de Mataderos. Marta, una integrante de la organización, fue quien cedió a mediados del año pasado el lugar para llevar adelante esta iniciativa. Allí vive, desde esa misma época, Silvia, otra compañera de la asociación. Ella recuperó su libertad a fines de 2007, volvió a su ciudad natal San Nicolás, empezó a trabajar cuidando a una anciana de 103 años y en una organización para chicos de las calles y el año pasado se reencontró con Clara, a quien había conocido en el taller de serigrafía y artes plásticas La Estampa, dictado en la cárcel de mujeres de Ezeiza. "Cuando salió, Clara me dejó toda su herencia: heladera, cocina, televisor, y la volví a ver en el estreno de la película Leonera –donde Clara actúa como abogada–. Ella me cuenta de todos sus proyectos y me ofrece que venga a vivir acá", recuerda. Hoy trabaja en un hogar de niños y apuesta a este proyecto. "Quiero conseguir pintura para hacer un mural en el patio de la casa, pero antes tengo que solucionar el problema de la humedad", señala Silvia. Los mismos murales recuerdan su paso por la penitenciaria, donde solía pintar los paisajes amados en un tamaño tal que era posible pararse delante y soñar que se estaba muy lejos de la cárcel.
"Es fundamental trabajar en la reinserción desde adentro", remarcó Clara. "Hace poco salió una chica con una beba de tres meses, no tenía adonde ir y terminó robándole a un policía para volver a la cárcel", contó a modo de ejemplo. "Cuando salís de la cárcel, el Estado te ofrece que vayas a dormir al Ejército de Salvación, donde te obligan a salir a las 7 de la mañana y volver a las 5 de la tarde, o te manda a la Parroquia de San Cayetano que está desbordada de gente. Lo que nosotros queremos es que vengan acá donde tendrán un techo y pueden trabajar en alguna actividad, para ellas mismas", sostuvo Clara. Ella estuvo presa en Ezeiza hasta diciembre de 2004 y en abril de 2005 fundó la organización con enorme esfuerzo, haciendo actividades culturales dentro del penal de Ezeiza –para sostener el contacto con quienes viven dentro– y fuera, generando conciencia de lo que significa el estigma de la prisión para las mujeres. Además de dar albergue, el plan de la asociación es brindar talleres de capacitación sobre diferentes oficios y colaborar en el surgimiento de futuros microemprendimientos. Uno de los talleristas sería Juan Cruz López –en el DNI figura como Viviana López. Si lo cuenta es porque está luchando por cambiar su identidad de género–. El cumplió su condena en Ezeiza, recuperó la libertad en 2003, y tras trabajar por varios años en un geriátrico, ahora forma parte del área de promoción de políticas contra la discriminación del Instituto contra la Discriminación (Inadi). En la penitencieria, Juan Cruz participó de un taller de encuadernación y realizó con otras compañeras un trabajo para la Corte Suprema de Justicia. "La idea es realizar un acuerdo con la Biblioteca Nacional para dictar los talleres de encuardenación, que lo sigo haciendo pero como un hobby", relató. Hoy no sólo lucha porque sea reconocida su verdadera identidad, sino porque además sus antecedentes penales no le impidan acceder a mejores condiciones laborales y se le permita casarse bajo la institución del matrimonio y no por unión civil.
Otro de los talleres que quieren implementar es el de serigrafía. La encargada sería Paula Pacheco. Ella recuperó su libertad hace dos años. Tiene una beba de 14 meses y vive junto a su pareja en el barrio porteño de Parque Chacabuco. "Clara me ayudó mucho cuando salí, me propuso hacer un microemprendimiento, y así empecé vendiendo sandwiches de milanesa, tartas y empanadas, después hicimos unos volantes ofreciendo el servicio y hoy sobrevivo con eso", contó. En este tiempo, ella también pudo recuperar a dos hijas adolescentes a quienes había perdido cuando fue privada de su libertad. En un par de meses, cuando su beba vaya a la guardería maternal, Paula quiere practicar el oficio que aprendió en el taller La Estampa.
Los proyectos no terminan allí: la asociación implementará un área de contención psicológica y psiquiátrica para las mujeres externadas. "Contamos con los profesionales que se ofrecen a colaborar: dos médicos del Borda atenderían a las chicas en el mismo hospital, un psicológo se ofreció voluntariamente a venir acá, y con otra psicóloga vamos a dar talleres de atención grupales. En grupo podemos decir lo que nos pasa y nos sobrepasa cada día", reflexionó Clara. También quieren poner en marcha un taller de costura, continuar con la producción de dulces, de pan casero, de cajas de madera, quieren ayudar y ayudarse a culminar sus estudios secundarios, trabajar en forma conjunta con el servicio penitenciario y poder brindar asistencia rápida y efectiva a las mujeres externadas. Sin embargo, la falta de recursos económicos les impide poner en marcha definitivamente estos proyectos y terminar de poner a punto la casa de medio tiempo. "Lamentablemente, el subsidio (de cinco mil pesos) que recibimos del Ministerio de Justicia de la Nación no nos alcanza y por eso necesitamos de la ayuda de todos", remarcaron las integrantes, mientras hacen el balance de los productos que pudieron vender durante las fiestas y suman a la propia voluntad como el capital más valioso con que cuentan.

Para comunicarse con la organización, se puede escribir al email porlavueltaclara06@yahoo.com.ar

enero 24, 2009

Salvación

Mauro Cabral

Lo veo por televisión, escucho lo que dice, leo sus declaraciones en los diarios y en los centenares y centenares de sitios web que las reproducen. Para Ratzinger, l*s transexuales amenazamos la creación divina con nuestra manía de cambiar de sexo. La diferencia sexual –la que distingue naturalmente entre hombres y mujeres– está, para el Papa, tan necesitada de protección como las selvas, sus árboles, sus lianas, sus ríos, sus insectos y sus animales (nosotr*s, l*s transexuales, la amenazamos. No somos la única amenaza, es cierto. También están las mujeres y l*s homosexuales, pero de ell*s y su acción maléfica en el mundo ya se viene advirtiendo desde hace rato). Y debo confesarlo: qué contento, ¡por fin nos toca algo de peligro en esta historia! Tiemblen, beat*s. L*s transexuales venimos marchando.

Ojalá alguien lo escuche. Ojalá alguien, en algún lugar, preste atención a lo que dice Ratzinger. Hay que proteger a l*s human*s, como si fueran un animalito o una plantita de la selva. Hay que proteger la selva, por empezar, con todo lo que hay en ella, incluyendo sus human*s. Ojalá que alguien lo escuche con y contra sí mismo, llamando a proteger este mundo, que se extingue. Ojalá que alguien lo escuche y, por ejemplo, dejen de matarnos. Y ojalá que alguien le diga que no se preocupe, que con nosotr*s, transexuales, la diferencia sexual está más que a salvo: nadie le pone más ganas a eso de ser hombre o mujer todos los días que l*s que nos jugamos el cuerpo entero en la partida.

El, por fin, lo sabe (y ahora, además, lo saben muchxs otr*s, obedientes como nadie). El lo ha dicho. La creación no es la misma desde que existimos, y hasta la naturaleza humana ha cambiado. Ratzinger ha venido a anunciar la buena nueva: aquí estamos, tenebros*s y bellxs, y con nosotr*s la humanidad se transforma o se pierde. Después de todo, y como decía Hölderlin, en el peligro está lo que salva.

¿Qué puedo decir? Debería estar preocupado, hoy mismo, por la visibilidad trans, por criticar al binarismo sexual y por anunciar a grito pelado el fin de los tiempos. Pero la verdad es que, después de mucho, como, cojo, cago y duermo tranquilo. Hay un Papa en Roma.

enero 10, 2009

Puto no gay

Sergio García (Sersh)

Mi primer contacto visual con una travesti fue a los 8 años. En ese entonces vivía en barrio Atalaya, partido de La Matanza. Mi hermana me pidió que la acompañe a cortarse el pelo con "La Martín", un peluquero que se había mudado hacía poco tiempo al barrio. Aquello fue un esfuerzo terrible para no reírnos a carcajadas de sus mariconadas; sin embargo, en poco tiempo me acostumbré a ir a cortarme el pelo y escuchar a La Martín con sus amigas hablar de chongos y colocaciones y ver cómo hincaban las pincitas de depilar en sus mentones. Fue mi peluquero por varios años y yo disfrutaba mucho al entrar en la casilla donde todo lo que veía era extremadamente seductor, la fascinación había desplazado a la comedia. Mientras tanto yo comenzaba a experimentar mis primeros juegos sexuales con un compañerito del secundario, hoy en día hombre casado y con hijo. Pasaron los años y un día me encontraba haciendo un trabajo social dedicado a unos pibes medio malandras del barrio, la idea era estar con ellos durante la noche en un fogón armado en un baldío donde se tomaba algún tetra, se cantaba, se charlaba un poco sobre la realidad de los pibes o sus perspectivas. En pleno fogón, mientras yo tocaba un tema de Pastoral en la guitarra, vi aparecer a Martín secundada por una borrachísima Vanesa, otra trava amiga suya. Me quedé pálido pensando en la idea de que Martín me reconociera y me saludara en público. Vi el grado de respeto y reconocimiento que tenía el Capo Malandra con La Martín, hizo que un pibe se corriera del costado del fuego para que ambas se sentaran. Supongo que ella, cuando pasó al lado mío, vio mi cara adolescente de terror y, con muchísima sutileza, me guiñó un ojo; con ese gesto ella me decía que no me preocupara, que estaba todo bien, que me iba a cuidar. Creo que ese mismo día comprendí que yo era puto y que, en parte, ciertas cosas de Martín iban a estar por siempre en mí, a pesar de no haber hablado nunca de mi sexualidad con ella. Porque viví en un barrio donde convivía con tortas, con travas, con héteros. Porque de alguna manera yo soy un poco ellxs también, porque pensarme como puto, y no como gay, me permitió que hoy en día pueda seguir disfrutando de un fogón o de una mariconada o ambas cosas a la vez, porque en el fondo quisiera ser tan valiente como La Martín, para caminar tan segura con tacos por la calle de tierra o bien saber ganarse el respeto de un chongo de barrio, que te ofrezca el mejor asiento al costadito del fuego.

enero 03, 2009

Opus lo hizo de nuevo

El Papa y cómo explicar la transexualidad a los curas. O de la transformación de un prejuicio en dogma.

Si algo hay que reconocerle a Benedicto XVI es su pasión por recrear los argumentos teológicos para convertir los prejuicios en cuestiones de dogma. El Papa, para decirlo en criollo, da letra –lo hizo otra vez en el mensaje navideño a sus amigos curas– y despeja dudas que podrían tener lugar en las almas sensibles que también integran su prole. Ratzinger tiene para todos una armadura de doctrina romana aggiornada al punto que hasta en la escuela se puede entender y usar: se trata de ecología. De ecología humana, hermanos y hermanas. Como la selva tropical, "el hombre" está en peligro y ha llegado a ese límite por su propia mano: por consentir que existan "autoemancipados de la obra de Dios que se dirigen a la destrucción por desoír el lenguaje de la creación". ¿Y cuál sería este diseño, este lenguaje, que está siendo desafiado? El haber nacido hombres y mujeres, sólo eso, nada más que eso. No dice macho y hembra, y no por corrección política, sino porque es hora de advertir sobre eso que se llama "género" (gender, en el discurso original), ese concepto que alimentó el feminismo y que peligrosamente para la obra de Dios –según este antiguo responsable del tribunal heredero de las funciones de la Inquisición– entiende que ser hombre y ser mujer no es un hecho biológico sino cultural. Sólo Dios, dice Benedicto, y si no, la destrucción, la grieta abierta en el frágil equilibrio ecológico de la humanidad, obra de Dios (por si quedaban dudas). Así que, basta de paparruchadas, traduzcamos al Papa: pito es hombre, concha es mujer. Y a quien no respete este orden la doble destrucción de sí mismo y de la suprema obra creadora. Queda así abierta la puerta para manifestar el odio, la repulsión y la venganza. Travestis, transexuales, transgéneros: si son segregadxs no se quejen, son ustedes quienes atentan contra el equilibrio humano y no se puede permitir que arrastren al resto a la destrucción. Queda en ustedes arrepentirse y no convertirse en punta de lanza de quienes pretenden un orden nuevo, o ninguno; una ecología que no sea del "hombre" sino humana. Es palabra de Benedicto, que sigue superándose a sí mismo. No quieran imaginar lo que se viene para Año Nuevo, porque total, las campanas siempre doblan por nosotrxs.

diciembre 27, 2008

Violencia de género

Muy tarde, muy poco


Escribe Rafael Barca

Con motivo del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, Amnistía Internacional presentó este año el informe Muy tarde, muy poco. Mujeres desprotegidas ante la violencia de género en Argentina. Prioridades de acción para el Estado argentino. Muy tarde para las cientos de mujeres que ya han fallecido y porque la lucha contra la violencia de género aún no es una política de Estado en el país y hay un desfase entre los compromisos asumidos por el Estado y las medidas implementadas; muy poco porque las acciones que se están tomando no están coordinadas, no llegan a todas las mujeres por igual y no se convierten aún en una respuesta pertinente para las mujeres víctimas de la violencia.

Esa es la realidad que viven miles de mujeres argentinas que sufren a diario la violencia de género y que, en su expresión más extrema, se tradujo en la muerte de al menos 116 mujeres a manos de su pareja, ex pareja o miembro del núcleo familiar en los primeros once meses del año, según un relevamiento parcial de casos reportados en prensa.

Si bien la violencia contra las mujeres en Argentina es una violación recurrente de los derechos humanos y no es tratada aún como un problema de Estado, hay que reconocer, al hacer un repaso de lo acontecido en 2008, que se han dado algunos pasos en la lucha contra la violencia de género.

En marzo, el Ministerio de Defensa puso en marcha la medida preventiva de reclusión de las armas de fuego de aquellos hogares de militares en los que haya denuncias de violencia doméstica. De esta manera, se ordenó restringir el uso de armas al personal militar denunciado por casos de violencia familiar hasta que se resuelva su situación judicial o administrativa.

Un mes después, en abril, el Ministerio de Educación y el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (Inadi) lanzaron un proceso de revisión de los textos escolares para que éstos estén libres de discriminación y con el objetivo de que en el 2010 los nuevos textos estén en todas las escuelas del país, desde una perspectiva de género, pueblos originarios y afrodescendientes. En la misma línea de actuación, en septiembre, fue lanzado el Programa Nacional de Formación de Formadoras/es contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo por el Inadi, dentro del cual se contempla una mirada de género y el abordaje de la discriminación que sufren las mujeres.

Estos dos últimos avances son especialmente relevantes porque se utiliza el sistema educativo para cuestionar los prejuicios de género y combatir la discriminación, y son parte de las recomendaciones incluidas por Amnistía Internacional en el "Plan de Acción de 14 puntos contra la Violencia Doméstica", que se lanzó en noviembre de 2007 en Argentina, y de las recomendaciones que Amnistía Internacional realizó al ministro de Educación durante este año. La lucha contra la violencia de género debe ir acompañada por la lucha por la igualdad de derechos de la mujer.

Recientemente, se concretó otro importante paso. El 26 de noviembre se dio media sanción, por unanimidad, en el Senado de la Nación a un proyecto de Ley para la Prevención, Sanción y Erradicación de la Violencia contra las Mujeres, resultado del trabajo de debate y consenso de diversos proyectos de ley sobre el tema. Amnistía Internacional considera que esto, y el hecho de que en la Cámara de Diputados se estén discutiendo a fines de 2008 éste y otros proyectos de ley específicamente centrados en la violencia contra la mujer, son un importante avance en la lucha contra la violencia de género.

Avances, acciones o pasos adelante hay. Todo lo descripto anteriormente es un ejemplo de ello, pero la gran tarea pendiente sigue siendo la definición de una política de Estado en esta materia. Amnistía Internacional continúa exigiendo al Estado argentino la implementación de un plan integral contra la violencia de género, con medidas efectivas y coordinadas, que garantice a todas las mujeres que viven en la Argentina el disfrute de sus derechos humanos sin discriminación ni violencia basadas en el género. Es preciso que, entre otras medidas, se utilice el sistema educativo para combatir los prejuicios, se cree una base de datos nacional unificada sobre violencia de género, se convoque a una mesa redonda nacional sobre la eliminación de la violencia contra las mujeres y se asuma un liderazgo público para poner fin a la violencia contra las mujeres por parte de altas autoridades.

Mientras la violencia contra las mujeres continúe, será imposible hacer realidad la promesa de los derechos humanos para todas las personas.

diciembre 20, 2008

Mafalda ídola

El día que Mafalda se hizo torta



María Schwartzer

El otro día pensaba en los héroes y me di cuenta de que héroes eran los de antes. Mafalda fue una heroína. Mi papá me regaló el Toda Mafalda cuando me dio otitis y no pude ir con él un fin de semana. Mafalda vivía con su familia, odiaba la sopa y leía el diario. Algún día trabajaría en la ONU y hasta quizá se casaría con Felipe, pero no lo sabemos, los rumores dicen que él es muy mayor para ella y que sólo tienen una buena amistad. Sea como fuere, Mafalda no tendría hijos, eso lo haría Susanita, quién sabe si con Manolito. ¿Y Miguelito con Libertad? Mmm, yo creo que Libertad estaba enamorada de Mafalda.

Mafalda fue mi heroína porque era niña y hablaba un lenguaje de adultos, como yo que no sabía lo que era Vietnam pero estaba en contra de los EE.UU. Y si me relajo un poco, empujo la puerta y lo digo: mi primer amor fue Mafalda. Digamos la verdad, Mafalda no era linda, ese pelo incontrolable y esas patas cortas que nunca crecían, pero si lo pienso bien no puedo negar su encanto.

Quizás Mafalda era la posibilidad de enamorarse sin que nadie se entere. Era una época de largas caminatas de recreo de la mano de Eva, una época en la que cuando corríamos Eva siempre ganaba. Corría muy rápido, me atrapaba, la risa explotaba y las maestras nos retaban por tanto escándalo. No me gustaba faltar a clase, quizás los quince minutos del primer recreo junto a Eva justificaban una mala nota en matemáticas, ella cruzaba su brazo sobre mi hombro y le dábamos la vuelta al patio, esquivando el mástil, y hablando inagotables minutos. Tenía la sonrisa más grande del grado y el pelo siempre recogido. Eva tenía unos ojazos marrones y las pestañas más lindas y sensuales de todo el turno mañana; de un sólo parpadeo lograba hacerme feliz, si hasta me hubiera inmolado en la puerta de la dirección con tal de que me haga más ojitos. Me acuerdo que en verano usaba bermudas y unos zoquetes blancos cortitos y yo podía ver sus piernas largas y flacas. No eran como las de Mafalda, pero yo me contentaba con poder verla cerca mío. No sé si a Eva le gustaba Mafalda, pero a mí me gustaba Eva.

 
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